MÚSICOS: “¡ES LA ECONOMÍA ESTÚPIDOS!”

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Cuando James Carville le dijo a Bill Clinton “es la economía, estúpido”, quería decir que el dinero y el trabajo diario de la gente importa más que otras cosas. Esta frase tiene una traslación brutalmente directa para músicos y bandas que llevan años y años haciendo los mejores temas y discos, pero no salen de tocar en algún que otro club (o garito).

Existe una concepción estúpida y pueril, una falacia romántica si queremos ponernos muy poéticos, que ha arruinado más carreras musicales que los malos solos de guitarra. No es otra que la idea de que preocuparse por los números, la fiscalidad o la estrategia comercial “ensucia” el espíritu artístico. Mucha gente se cree, incluidos la mayoría de los que tocan un instrumento, que la música es un acto puramente bohemio y que debemos crear e interpretar a la vez que esperamos que un manager providencial, una discográfica o un tercero venga a resolvernos la vida y a responsabilizarse de nuestro trabajo. Ojo, cuando esto les pasa a un uno por cada millón de bohemios y ese tercero se queda con todo, luego el único culpable es el que robó. ¡¡¡¡NO!!!! Tiene más culpa el que no se preocupó por lo suyo.

Es hora de despertar del sueño, dejarse de tonterías y asumir la realidad: nadie va a cuidar de tu proyecto más de lo que lo hagas tú mismo. Si quieres que tu grupo dure más de tres años y tenga una carrera sostenible, trata a tu banda como una empresa. Punto.

Ojo, asumir que tienes que funcionar como empresa no significa que vayas a venderte al mejor postor (o sí, si te interesa); significa que tienes que tomar el control total de tu proyecto. Pasas de ser un NPC o una marioneta de un tercero a ser los verdaderos dueños de tu destino y de tu obra.

Operar como una empresa exige madurez, profesionalización y visión estratégica en el seno del grupo:

  • Estructura legal y fiscal clara: Crear una entidad jurídica (S.L., S.L.L., Sociedad Civil, etc.) u operar por medio de cooperativas de artistas o de la sociedad de tu manager, emitir facturas en regla y tener a los integrantes dados de alta no es opcional: es la base del rigor profesional.
  • Planificación financiera y reinversión: Un grupo profesional no se reparte todo el dinero del caché al terminar el bolo para gastarlo esa misma noche. Cobra por transferencia, gestiona presupuestos, amortiza equipos, invierte en producción, marketing y giras.
  • Distribución de roles y liderazgo: Igual que hay un encargado de los arreglos musicales, debe haber responsabilidades claras sobre la gestión administrativa, la logística, el branding y la comunicación directa con la comunidad de fans.

El mercado real no perdona a los aficionados disfrazados de profesionales. Cuando tratas a tu grupo con el rigor de un negocio, los promotores te perciben de otra manera, los contratos se negocian desde la fuerza y el fan comprende que está invirtiendo en un proyecto sólido y duradero.

Sé el CEO de tu propia música.

Seamos dueños de lo que amamos.

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